Bar Bistrot de Pamplona. 100% reciclado

Localizado en el punto exacto donde el general romano Pompeyo fundó la que hoy conocemos como la ciudad de Pamplona, se sitúa el bar restaurante Bistrot Catedral. Un local sorprendente tanto desde el punto de vista gastronómico, como conceptual. Diseñado por los arquitectos Enrique Kahle, Fernando Oiza y Michel Arauzo, en colaboración con grupo de diseñadores y artistas, como Javier Otauza y Txema Arteta, encargados de la concepción y el diseño de los murales a través de los que Bistrot Catedral narra la historia de la ciudad, mediante símbolos, alegorías y metáforas, y usando la descontextualización de formas y materiales como forma de expresión. Arraitz Koch y Luis García, han trabajado el diseño de la imagen corporativa, utilizando piezas de Lego para reproducir el nombre del local. En el proyecto de iluminación, a cargo de Javier López Barbarín, sorprenden los puntos de luz a base de lámparas de submarinismo.

Un panel de hierba cuajado de destellos, es el comienzo de un viaje temporal que arranca simbolizando a la Naturaleza dominando majestuosamente el lugar. Una calzada romana, elaborada a base de discos duros, hace honor a la fundación de la ciudad, que se produjo exactamente en ese mismo lugar hace más de dos mil años. Continuando con el viaje por Pamplona a través de los tiempos, llegamos a la zona donde podemos ver la primera muralla de piedra construida por los visigodos, en las que crecen plantas regadas por un gotero clínico. La Edad Media, tiempos oscuros, de fuego, que se expresan a través de la chimenea que forma parte de la pieza arquitectónica que es la barra que recorre todo el local. De ese oscurantismo, quedan los botes de pintura negra reciclados a modo de bodega, y la reutilización de los troqueles de metal sacados de la chimenea, para crear tintineantes sonidos feng shui.

         

Infinidad de bases de botellas de plástico, nos hacen recordar el esplendor, brillo y transparencia del Románico, para pasar después al Gótico con vidrieras elaboradas a con coloridos cables metálicos planos. Las cadenas de Navarra penden en todo ese tramo del fondo del local, invocando el escudo de la Comunidad Foral. El grifo de cerveza, que se inserta en una simbólica muralla, representa el Renacimiento a través de la Ciudadela de la ciudad. El color de los siglos XVII y XVIII, cuelga de una cortina de cables de diferentes tonalidades, que evoca a los tiempos de las brujas, haciéndonos recordar el pelo de la Bruja Avería.

Como veréis se trata más de una instalación artística, construida a base de elementos reciclados que de un bar en sí mismo, y conocer toda esta reflexión conceptual de la decoración y el diseño, aporta al lugar un toque de originalidad, que le permite mirar cara a cara a la Catedral frente a la que está situada.

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